Cuentos Castrosos - Sobre la herencia del llanto

Sobre la herencia del llanto

En este entonces ya nadie llora. Nadie, excepto yo.

Es mi legado y como tal, mi responsabilidad transmitirlo. La tarea se me antoja cada vez más complicada. Tengo cuarenta y nueve años, estoy solo y sin posibilidad alguna de encontrar pareja y engendrar quien herede mi conocimiento; como debería ser. Podría buscar un aprendiz ajeno a mi sangre, pero ni siquiera pagando he conseguido alguien que se interese en aprender sobre una costumbre que ya ni siquiera puede llamarse así. Lo he intentado con el gato. Con varias generaciones del gato inicial. Lo más que he conseguido son cúmulos de lagañas enceguecedoras por las mañanas.

Es grande y pesada esta carga. Ni siquiera sé por qué es tan importante. Hace tantos años que llorar está en desuso que sólo los más ancianos tienen vagos rumores de la práctica. Mi abuelo le contaba a su madre lo que su padre le contó. Luego, ella me lo contó a mi: mis ancestros, grandes monarcas de su tiempo, llevaron el llanto a niveles sublimes y labraron con lágrimas su destino; invistiendo a toda su descendencia con la sagrada responsabilidad y gracia de preservar a toda costa el llanto.

Es tarde. Me pongo el pijama y dedico como siempre, rigurosamente, dos horas a llorar antes de dormir.

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Palabras detonantes

Xochiquetzal Chagolla dijo: Gato / Grande / Monarcas / Tarea / Dormir / Pijama


Ilustración: @citlamugnoz