Cuentos Castrosos - Sobre la forma de la felicidad

Sobre la forma de la felicidad

Se despertó como siempre un poco antes del amanecer. Preparó café y se sentó a un lado de la pecera a escuchar lo que ella tenía para contarle.

Hacía tres meses que estaban juntos y no había faltado una sola madrugada a verla nadar inquieta, ansioso de que le contara sobre su noche.

La había encontrado una mañana dentro del inodoro. Le dio asco y espanto: esa forma gelatinosa, informe, sin ojos ni boca ni patas o aletas o cualquier miembro reconocible, retorciéndose en el agua. Cerró la tapa del excusado con violencia y cuando estaba por jalar la cadena escuchó su voz, transparente y llena de amor. Levantó la tapa y la observó moverse. Unos minutos después habían comenzado a conversar y él supo que por fin había llegado aquella por quien tantos años había esperado, a quien toda la vida había buscado.

Era domingo y llovía, todo estaría cerrado. Aún así, tomó un paraguas y salió. Volvió con la pecera y una cubeta llena de agua de lluvia; definitivamente no podía dejarla vivir en el inodoro.

Han sido los tres mejores meses de su vida. Pleno, Feliz.

Ella sale de alguna manera de la pecera por las noches, cuando el ya está dormido. Se aventura a la ciudad, esa ciudad nocturna, desconocida para él, donde la vida supera con creces la intensidad de lo acontecido en el día. Ella está presente en la noche, allá afuera, es protagonista, antagonista, hembra salvaje.

De madrugada vuelve a la pecera, cansada pero deseosa de compartir. Él despierta a escuchar sus andanzas y sonríe amándola, orgulloso de ser quien ella eligió para amanecer todos los días. Poco a poco su conversación se va apagando y su cuerpo va hundiéndose en el agua hasta confundirse con la arena, casi transparente. Él se levanta y sale al día.

Esa mañana, luego de dos tragos de café en la penumbra, sentado junto a la pecera, un inusual silencio lo puso inquieto. No encendió la luz, esperó paciente el comienzo del relato de la noche pasada. La voz suave y amorosa no llegaba. La claridad de la mañana le mostró la pecera vacía. Él creyó que serían eternos, idiota, se dijo a sí mismo. El café estaba helado. Igual que su casa. Igual que su vida.

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Palabras detonantes:
Amanecer / Ella / Nadar / Feliz / Paraguas / Idiota

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Ilustración: @citlamugnoz