Cuentos Castrosos - Sobre la delicada condición de estar muerto

Sobre la delicada condición de estar muerto

Esto de la muerte está sobrevalorado.

No hay nada mas aburrido y fácil que ser un cadáver.


He construido y nombrado cientos de constelaciones, figuras y deidades formadas con los pequeñísimos e infinitos puntos de humedad que se forman en la tela roja de la tapa del ataúd.

Sí hay algo más después de la muerte y es esto. Un estado perenne de adormecimiento, de sopor, de un infame fastidio confinado a los pocos centímetros que contienen mi cuerpo bajo toda esa tierra. Extrañar el estar aunque sea ligeramente vivo y sus mínimas cotidianidades: calentar una tortilla, pisar un charco con los zapatos nuevos de camino a una junta importante, la brevísima felicidad de aplastar un chingado zancudo en la madrugada, beber el último trago, siempre frío, de la tercera taza de café, quitarse los zapatos llegando a casa, dormir de verdad y no simular que duermo.

Cierro los ojos y aquí voy de nuevo. Imagino que respiro profundo y me dispongo para el viaje imposible que supone el dormir cuando estoy muerto y sepultado. El tiempo no pasa aquí, “despierto” enseguida, o muchas horas después y todo sigue exactamente donde estaba: mis manos cruzadas sobre mi pecho. La punta de mis mocasines allá al fondo entre la oscuridad, los adivino más que verlos. El traje negro cada vez más vacío de mi. Las pérdidas son cuantiosas: la carne casi entera de mis manos ya huesudas, mi lengua, la punta de mi nariz. Seguro mis cuerdas bucales, ya no puedo tararear espantosamente mientras me pudro.

Siento a esos desgraciaditos recorriendo lo que queda de mi cuerpo. Es como estar anestesiado, puedo sentir todo pero no duele. Sus pequeñísimas y constantes mordidas. Se dan un banquete ahora con mi pene, llénense de amor, culeros. Sólo hacen su trabajo, lo sé. No es nada personal, ellos tienen que vivir y yo estoy muerto.

He tenido tanto tiempo para pensar. ¿Cuándo llegarán a mi cerebro? ¿Ahí se acabará todo? ¿En verdad sigo pensando? ¿Y si pensar en calidad de difunto no tiene nada que ver con el cerebro sino con el alma? ¿Los gusanos también comen alma?

Estoy cansado de estar acostado, inmóvil. Si pudiera dolerme algo, me dolería todo. Estar vivo nunca fue la gran cosa, pero la mudanza al estado de fallecido y enterrado es aún menos. Aún vivo siempre fui muy pasivo, moverme era un fastidio. Supongo que debería de estar satisfecho.

Quisiera ver una película romántica gringa de esas que no exigen pensar absolutamente nada.

Quisiera escuchar blues en los audífonos de regreso a casa en el autobús.

Quisiera tener hambre.

Quisiera ser polvo ya.