Cuentos Castrosos - El inicio

El inicio

Me quedo parado frente a ella, con la sangre helada, impotente, aterrado hasta los huesos.

Ya antes la había enfrentado, nunca salí completamente airoso. Seguir con vida después de esos encuentros ha sido hasta el momento el máximo logro.

Supondría que la repetición, tantas veces del mismo encuentro me otorgaría en algún momento alguna ventaja. Mis suposiciones siempre han sido tan vacías, tan estériles. Es la misma desde hace años, y sin embargo; cada vez es diferente, encuentra siempre una nueva manera de retarme, de amedrentarme, de humillarme.

Algún día voy a tener los huevos suficientes para mirarla sin temblar, me repito a menudo. Estoy seguro de ello, ahora soy más fuerte, ahora soy más rápido, ahora soy más listo, ahora puedo hacerlo. Y mírame, una vez más temblando frente a ella, su presencia fría, aterradora, omnipotente, quemando mi mente y atormentando mi alma, estoy nuevamente desarmado. Todos los días, las noches de entrenamiento, los sacrificios personales, los ojos exhaustos y la espalda doblada, el corazón rasgado y abandonado. Todo es inútil.

Jamás podré vencerla.

Su imperio despótico se apropia de un territorio más: mi propia vida. La humanidad será suya. La bestia de siete cabezas devorando el universo con su vacío ancestral. Ella estuvo antes del principio, estará por siempre.

Tiro con valor mentiroso estas líneas, buscando en vano recuperar algo del terreno perdido, defendiendo lo que queda de mi advenediza incursión, después me quedo inmóvil una vez más, contemplando la inmensidad de su esencia ante la brevedad evidente de mis intentos, parado frente a ella, con la sangre helada, impotente, aterrado hasta los huesos…

Te escupo y te maldigo, hoja en blanco.